Crisis de Violencia

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"El hambre en cualquier parte amenaza a la paz en todas partes." La pobreza y la privación se consideran las causas básicas de los conflictos y la violencia civil endémicos. "La pobreza persistente y la opresión pueden conducir al desamparo y la desesperación. Cuando los gobiernos no satisfacen las necesidades más básicas de estas personas, esos Estados ineficientes pueden convertirse en focos de terrorismo." La privación tiene un carácter predominantemente rural, ya que siete de cada diez personas pobres (con unos ingresos inferiores a un dólar diario) viven en zonas rurales; entre ellas, las personas subnutridas representan el nivel más extremo de pobreza y deben constituir el objetivo prioritario de las iniciativas para reducirla.

 Las diversas formas de competencia interestatal, los conflictos nacionales, étnicos o religiosos, los litigios por el control de territorios o recursos e incluso el legado del imperialismo y el colonialismo en la época moderna siguen teniendo repercusiones incluso después del final de la guerra fría, que durante largo tiempo alimentó y configuró muchos de los choques violentos que tuvieron lugar en todo el mundo. Los conflictos en torno a los recursos naturales, especialmente minerales, se están haciendo relativamente más frecuentes

Figura 3: Tipos de conflictos

Fuente: Instituto de Investigación sobre Conflictos Internacionales de Heidelberg (1999), base de datos de Kosimo.
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En algunos casos, se compite por el control de minerales muy valiosos que financian también las guerras; en otras ocasiones, la propiedad concentrada de unos recursos difusos como la tierra y el agua puede dar lugar a conflictos, como subrayó el Secretario General de las Naciones Unidas: "Los conflictos y las ocupaciones de explotaciones agrícolas recientes en los países del África meridional y las luchas entre pastores y agricultores sedentarios en el África oriental subrayan la importancia del acceso a los recursos terrestres por los pobres como base para la paz y el desarrollo sostenible. Análogamente, en América Latina la concentración de la propiedad de la tierra, en conjunción con la pobreza, es una de las cuestiones clave que sirven de base a conflictos inveterados en dicha región. Donde la necesidad de satisfacer necesidades alimentarias familiares lleva a las personas a agotar los recursos naturales o a valerse de recursos naturales degradados,... las actividades de desarrollo de recursos naturales y otras intervenciones de ordenamiento del suelo y los recursos... pueden ayudar a prevenir conflictos basados en tensiones en torno a unos recursos naturales limitados o relacionados con ellos" 

Para prevenir los conflictos y restablecer la paz deben seguirse muchas vías; pero para conseguir resolverlos de forma duradera e impedir que se añada nueva leña al fuego de la violencia latente, es necesario abordar no sólo los conflictos sino también "las profundas causas socio económicas, culturales, ambientales, institucionales y políticas y otras causas que a menudo son la raíz de los síntomas inmediatos de los conflictos". La inseguridad alimentaria es una de ellas.
 La cuestión de las causas finales de la violencia y los conflictos colectivos recientes o más antiguos ha sido objeto de amplios estudios por parte de especialistas, que han propuesto una multitud de interpretaciones diversas: todas esas teorías han recurrido a aspectos de la transformación social como factor dominante para explicar la acción colectiva violenta, especialmente en el medio rural. Sin embargo, los conflictos modernos ponen de manifiesto que en muchos de los países más pobres, gravemente afectados por disturbios endémicos, las convulsiones sociales son el resultado de la dramática falta de un desarrollo económico que permita satisfacer las crecientes aspiraciones de una población en aumento. Una de las principales razones de la violencia es la profunda insatisfacción de sectores de la sociedad (tanto urbanos como rurales) que desafían en último término al Estado. La respuesta inadecuada del Estado a esos desafíos, debido a que el desarrollo de las instituciones políticas está a la zaga del cambio social y económico, puede también explicar en parte la violencia. Un sistema democrático de gobierno, por una parte, y la vitalidad de las organizaciones de la sociedad civil, por otra, son ingredientes fundamentales para neutralizar la acumulación de agravios dentro de la sociedad.

Los conflictos tienen su raíz en los sentimientos de frustración, injusticia y desesperación que albergan amplios sectores de la sociedad, alimentados por la pobreza, la desigualdad y la discriminación. Lo que activa la revuelta no es sólo la pobreza "absoluta" sino también la "relativa"; y no es solo la desigualdad lo que está aumentando actualmente, sino también la conciencia de la desigualdad, que muchos desposeídos identifican con la injusticia. Aunque casi todos los pueblos y aldeas del mundo están actualmente conectados por medio de la radio, y a menudo la televisión, a la información mundial, estos canales de comunicación transmiten mensajes destinados a inducir niveles más altos de consumo en quienes tienen los medios de adquirirlos; exhiben en forma ostentosa estilos de vida y productos de consumo que están muy lejos del alcance de la inmensa mayoría de la población de los países pobres. Una de las consecuencias de la globalización de la información y las comunicaciones es que las disparidades en los ingresos se perciben actualmente no solo en el ámbito de cada sociedad nacional, sino también a escala mundial. Mientras que la desigualdad en los ingresos dentro de los países no parece seguir una tendencia generalizada y discernible, la desigualdad internacional ha aumentado espectacularmente la distancia que separa a las regiones más pobres de las más ricas, distancia que parece ser aún mayor si se comparan los distintos países. En 1960, la mayoría de las regiones en desarrollo tenían unos ingresos per cápita (expresados en paridad de poder adquisitivo) equivalentes a una décima parte aproximadamente del promedio de los países de la OCDE; a finales de siglo, la distancia para los países menos adelantados y el África subsahariana se había duplicado, hasta llegar a casi una vigésima parte.

 Una consecuencia de estas tendencias, en lo que respecta tanto al nivel como a la conciencia de la desigualdad, es que amplios sectores de la población, especialmente los jóvenes, ya sean de países pobres o ricos, llegan al convencimiento de que el mundo en que han de vivir es fundamentalmente injusto.

La lucha por la paz, la lucha contra la inseguridad y los conflictos sociales, debe incluir una acción decidida contra la pobreza, la desigualdad, la injusticia y la forma de pobreza más extrema, que es también la que más induce la dependencia: la de quienes padecen hoy y padecerán mañana hambre e inseguridad alimentaria. El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en sus observaciones generales sobre el derecho a una alimentación suficiente, preparadas en respuesta a la petición de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de "esclarecer el contenido del derecho a una alimentación suficiente y del derecho fundamental de toda persona a no padecer hambre", afirmó que "el derecho a una alimentación adecuada está inseparablemente vinculado a la dignidad inherente de la persona humana y es indispensable para el disfrute de otros derechos humanos consagrados en la Carta Internacional de Derechos Humanos. Es también inseparable de la justicia social, pues requiere la adopción de políticas económicas, ambientales y sociales adecuadas, en los planos nacional e internacional, orientadas a la erradicación de la pobreza y al disfrute de todos los derechos humanos por todos" .

La comunidad internacional se está esforzando por responder a los nuevos desafíos. En el curso de las Conferencias mundiales celebradas en el decenio de 1990 y en la Asamblea del Milenio, la reducción y eliminación de la pobreza y el hambre se ha planteado como el objetivo fundamental del desarrollo en el siglo XXI. Como se afirma en el Consenso de Monterrey, "la paz y el desarrollo se refuerzan mutuamente". Lo que durante siglos se ha aceptado como un aspecto normal, aunque lamentable, de la condición humana se considera actualmente un escándalo que ha de erradicarse. La conciencia mundial, gracias a unas comunicaciones instantáneas en todo el mundo, está al corriente de las pérdidas de vidas que se producen en lugares lejanos como consecuencia de catástrofes naturales o de origen humano, pérdidas que en otros tiempos habrían pasado inadvertidas fuera de los círculos más allegados. En la actualidad, las fronteras de la preocupación moral coinciden con las del planeta.

Eliminar el hambre no es sólo un imperativo moral: es también económicamente ventajoso porque eleva la productividad, aumenta los ingresos, crea empleos y hace crecer la demanda de bienes y servicios en toda la economía. Es también una contribución necesaria a las numerosas vías que han de seguirse para reducir la violencia y promover una paz duradera. En un estudio encargado por Future Harvest, fundación creada por el ex Presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter, se llegaba a la conclusión de que "la rehabilitación de la agricultura es una condición esencial para el desarrollo, para reducir la pobreza y evitar la destrucción del medio ambiente y para reducir la violencia. El mal estado de la agricultura tiene graves repercusiones para el desarrollo socioeconómico y la paz sostenible. También consideramos que un buen sistema de gobierno es fundamental para crear unas condiciones propicias para la agricultura, rompiendo de este modo el círculo vicioso de pobreza, escasez y violencia. Los problemas básicos no son meramente técnicos: están directamente relacionados con la forma en que los seres humanos organizan sus actividades y el modo en que hacen frente a las crisis naturales y de origen humano"

Es necesario aplicar unas políticas que promuevan el crecimiento y distribuyan amplia mente sus beneficios entre la sociedad. El desarrollo agrícola, como parte de los cambios económicos y sociales que permiten a las personas pobres tener un mayor control sobre los recursos productivos y los factores sociales que configuran sus medios de subsistencia, es indispensable para aumentar la seguridad alimentaria de la población rural y crear un entorno más pacífico y estable. Un crecimiento equitativo y unas políticas favorables a las personas pobres son fundamentales no sólo para evitar que estallen conflictos, sino también en las situaciones inmediatamente posteriores a éstos.

26. El mandato de la FAO de elevar los niveles de nutrición y vida y mejorar las condiciones de la población rural, "y contribuir así a la expansión de la economía mundial y a liberar del hambre a la humanidad" le asigna la responsabilidad especial de contribuir a alcanzar el objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de eliminar la inseguridad alimentaria en sus manifestaciones tanto crónicas como de emergencia, valiéndose de las sinergias y la colaboración con los otros organismos de las Naciones Unidas con sede en Roma, la instituciones técnicas y financieras del sistema de las Naciones Unidas y las organizaciones regionales, y en asociación con las ONG y las OSC. La FAO se esfuerza por fomentar un desarrollo agrícola y rural sostenible, prestando especial atención a los pequeños productores y a los campesinos pobres que dependen de la agricultura en los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos. Recoge, analiza y difunde datos e información sobre la inseguridad alimentaria y las posibles amenazas a este respecto con que se enfrentan las personas y los grupos vulnerables, a fin de señalarlos a la atención de la comunidad internacional. Toma medidas para ayudar a las poblaciones rurales afectadas por catástrofes a recuperar la capacidad de valerse por sí mismos mediante la rehabilitación agrícola.


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La paz es un bien preciado de la humanidad. Pero es un bien del que muchas personas no han disfrutado durante decenios. Millones de personas se han visto privadas de la paz durante gran parte de su vida, mientras que un número aún mayor, y posiblemente toda la humanidad, pueden sufrir la amenaza de verse privadas de la paz y la estabilidad, si no para ellas mismos, para sus hijos. La paz verdadera y duradera es un bien en sí misma, pero es también un síntoma de que las personas viven en armonía con sí mismas y con los demás. De otro modo la paz será solo un objetivo difícil de alcanzar, una apariencia mantenida mediante una violencia reprimida, debilitada por un sentimiento de frustración e impotencia, que acabará siendo amenazada por la revuelta.

Son cada vez más las voces que se levantan en favor de una acción para eliminar el hambre, la pobreza y la injusticia que constituyen la base social de la violencia: una acción a nivel local y nacional por parte de los gobiernos y de sus colaboradores de la sociedad civil, una acción a nivel regional e internacional por parte de los gobiernos en mutua cooperación y por parte de las instituciones y organizaciones ínter gubernamentales y no gubernamentales. Es necesaria una acción para promover y apoyar el desarrollo de unas sociedades bien gobernadas, donde todos los sectores de la sociedad, hombres y mujeres por igual, compartan de forma equitativa derechos y obligaciones. Es necesaria una acción para eliminar los obstáculos sociales, institucionales, políticos y económicos que impiden a las personas más vulnerables conseguir que su opinión sea tenida en cuenta, participar en la adopción de decisiones que afectan a su vida, tener acceso a recursos productivos, disfrutar del desarrollo humano y del derecho a tomar iniciativas; y es necesaria una acción para que las personas privadas de sus medios de subsistencia, momentáneamente o de forma duradera, se beneficien de la solidaridad nacional e internacional. Es necesaria una acción para incorporar en la planificación macro económica y en la asistencia financiera y estructural internacional consideraciones relacionadas con la paz, y tener sistemáticamente en cuenta las formas en que las políticas públicas y la ayuda al desarrollo influirán probablemente en la seguridad alimentaria, la equidad y la pobreza. Los medios para poner en práctica esa acción son los que, hace cinco años, indicó con precisión la comunidad internacional reunida para refrendar el Plan de Acción de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Se está agotando el tiempo para conseguir que las palabras se transformen en hechos.


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